sábado, 8 de marzo de 2008

Chile, país hambreado...



¿Ha sentido hambre Ud. alguna vez?, yo si. Pero hay miles de formas y motivos por los cuales pasar hambre, desde aquella sensación que aqueja las entrañas, hasta esa otra que aflige nuestro interés. El hombre de la actualidad, sin embargo, ha perdido mucha hambre, conformándose con las migajas que se botan para su torpe satisfacción, las que le alimentan su desidia e ineptitud.
Pues si, hemos perdido el hambre de la justicia, conformándonos y engañando nuestros sentidos, con bizantinas reivindicaciones que sólo destruyen nuestra moral nacional. Esos que alimentan esas quimeras se ríen al verte como un simple objeto, inerte de ideas, siguiéndolos en sus maquinaciones. Se ha perdido, también, el hambre de la dignidad y del respeto, aunque mucho se hable de ellos ahora. Todos quieren recibir todo gratis, que todo sea fácil y caiga del cielo entre las lluvias de gotas pobladas.



Chile es un país que ha perdido el hambre intelectual, mientras las bibliotecas se llenan de polvo, dando paso a los compases absurdos de la farándula, entre otras desgracias. Mas, por otro lado, el hambre crece más y más...



... Acaso, ¿sobra el dinero en las clases más populares y en la media?, y un No se hace rotundo, azotando contra las paredes de lo absurdo, esas mismas que son testigos de los lamentos de quienes negocian la comida, con la luz y el gas, con el agua y la educación; porque comer al fin y al cabo, no es menos importante.


Y es que el hambre se vive y hace carne en cientos de miles: se escurre entre las poblaciones; y es la compañera de estudio de demasiados estudiantes; constituye los obstáculos más fieros para deportistas; y muchas veces es quien mantiene despierto a quienes nos velan.
Por eso, ¿qué sentir?, sino indignación, al saber que mientras cientos de miles trabajan de sol a sol, con la preocupación constante de qué hacer para sobrevivir al fin de mes, y muchas veces teniendo que sacrificar los estudios, “tan sólo” por comer, haya otros que, presos por haber delinquido, o tener conductas terroristas, u otros que siendo parias sociales, no aportan más que sufrimiento y miedo a la sociedad, tengan el descaro de REIRSE DE TODA LA GENTE QUE TRABAJA POR EL PAN y entregarse al huelgas de hambre, despreciando la comida que se les entrega a cargo de los impuestos que deben pagar quienes tuvieron que, para comer, dejar de lado muchas otras.




El Predicador

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